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sexta-feira, fevereiro 23

20 AÑOS DE LA MUERTE DEL CANTANTE PORTUGUÉS ZECA AFONSO

El 25 de abril de 1974, a las cero horas de una mañana primaveral, el programa Límites, de Radio Renazença, comenzó a emitir los acordes de Grandola Vila Morena. Fue la consigna para poner en marcha la Revolución de los claveles que puso punto final a la dictadura salazarista en Portugal. La letra y la música eran de José Zeca Afonso, la figura más importante de la canción portuguesa del siglo XX, y una pieza clave de la música popular de todo el mundo.

José Afonso Cerqueira dos Santos, Zeca, había nacido en Aveiro el 2 de agosto 1929 y era licenciado en Filosofía e Historia. Fue profesor de instituto hasta 1968, fecha en la que el fascismo lo inhabilitó para ejercer cualquier puesto docente. Hasta el año 1983 no se le reconocieron de nuevo sus derechos.

Cantaba incesantemente para el pueblo, en cooperativas agrarias y comissioes de moradores, utilizando sus exquisitas creaciones como un instrumento más de lucha. Luchó primero contra la dictadura de Salazar y, al final de sus días, frente a la contrarrevolución encabezada por el Partido Socialfascista de Mario Soares.

Fue consciente siempre de que su honradez navegaba a contracorriente, pero en ningún momento abandonó sus principios revolucionarios. Por eso detestaba el desencanto, la desmoralización, que él calificaba como una mera justificación para los traidores.

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Murió el 23 de febrero de 1987, con 58 años. Una multitud veló el cadáver en la capilla ardiente que tuvo lugar en el Club Naval de Setúbal, núcleo proletario del cinturón industrial de Lisboa. Su entierro constituyó un último ejemplo: tras el féretro marchó primero el pueblo anónimo, coreando una vez tras otra sus canciones y enarbolando banderas rojas, simplemente, sin ninguna sigla, y claveles del mismo color; detrás, los sindicatos obreros, y por fin, enmascarados en el gentío, desfilaron algunos políticos profesionales que en vida de Zeca no se habrían atrevido a acercarse a él.

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Hace 20 años que no está entre nosotros, pero aún nos queda su legado, un inmenso tesoro: más de cien canciones, numerosos poemas, varios cortos de cine, media docena de obras de teatro y, sobre todo, aquel ejemplo de honestidad e integridad para todos los artistas revolucionarios.

En el músico portugués se aúnan las características ideales del artista del pueblo: enorme calidad en sus trabajos e inquebrantable compromiso militante. José Afonso era un genio entrañable, un comunista íntegro. Su mirada se iluminaba cuando escuchaba el relato de las últimas actividades puestas en práctica por el movimiento anti-OTAN español, y se indignaba cuando escuchaba hablar de desencanto: el desencanto es la justificación de los traidores, nos dijo. Como él, había que estar al pie del cañón hasta el último aliento.

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Zeca Afonso dejó un legado imborrable de integridad. Era verdad: es una de las grandes glorias nacionales de Portugal y, quizá por eso precisamente, fue abandonado en sus horas más difíciles, las últimas. Como todos los grandes artistas, murió sin reconocimiento, a causa de su compromiso inquebrantable con la revolución. Los traidores no pudieron asimilar su obra y le dieron la espalda. Para la cultura popular es un ejemplo inolvidable de entrega a la causa revolucionaria.

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